Como Salir Invicto de una Discusión

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Como salir invicto de cualquier discusión


A medida que vamos avanzando en nuestras interacciones con personas, a medida que mejoramos nuestras habilidades, vamos conociendo más gente. Y cuando esto ocurre, inevitablemente nos encontraremos en medio de una discusión en la que no hubiéramos querido estar para empezar. Entonces, eso es exactamente lo que vamos a tratar en este artículo: cómo manejar esas situaciones en donde nos enfrentamos a una discusión cerrada con personas que no están ayudando para contribuir con la misma a resolver el problema. Déjame compartir un par de estrategias contigo para resolverlas.


Cómo Salir Invicto de una Discusión


1. La mejor estrategia es evitar la discusión


Para empezar, si es posible, evítala a toda costa. Esta es una sugerencia de Dale Carnegie de “cómo ganar amigos e influir sobre las personas” (excelente libro). Aquí el autor sugiere que nadie gana en una discusión porque siempre los egos salen resentidos.


Y es verdad.


Es difícil declarar una victoria en una discusión. Aun cuando crees que has ganado, las personas se resienten porque básicamente la situación se convierte en un ataque de egos. Esto a pesar de que hayas probado que tú estás bien y la otra persona está mal.

Así que evita la discusión siempre que sea posible. Sé que es un poco difícil porque implica que apartes tu propio ego de la ecuación para hacerte a un lado y observar. Así, cuando veas a la persona tomar una decisión, te darás cuenta si es una con la que puedes llegar a un acuerdo o resolver algo si discutes ese tema, o simplemente es una persona con la que no puedes razonar y está botando chispas de la cabeza. Evita eso a toda costa. Retírate de la situación. Es tu mejor opción, y de paso te ahorras el mal rato.



¿Pero qué pasa cuando no la puedes evitar o quieres entrar en una discusión? Lo último que quieres hacer es que escale hacia algo perjudicial, en donde simplemente se trate de un intercambio de emociones negativas. Y para eso lo primero que tienes que hacer (que es lo último que las personas piensan en este tipo de situaciones) es expresar deseos y emociones. Esto es lo que te va a ayudar a transmitir lo que verdaderamente estás pensando y sintiendo, lo cual ayudará también a la otra persona a que se ponga en tus zapatos, asumiendo que es una persona razonable que quiere hacerlo.


Para hacer esto y que la situación no escale en algo negativo, tienes primero que tomar respiros y asegurar que tú eres el primero que lo demuestra. Otro consejo es bajar la velocidad con la que hablas: no alces la voz, mantenla fuerte y clara, pero sin alzar más de lo debido. Finalmente, tómate tu tiempo para conversar: asegúrate de hablar un poco más lento. Esto va a ayudar a que la conversación no escale a algo donde no lo quieres llevar para empezar.


Entonces esa es la primera estrategia: evita la discusión cuando puedas. Y cuando sea inevitable, llévala suave y despacio.



2. No intentes cambiar la manera de pensar de la otra persona


Esto no es posible, y cuando pensamos que lo hacemos, no sabemos la extensión del cambio. Es una batalla que nunca vas a ganar. Entonces, el objetivo no es cambiar la manera de pensar de la otra persona, el verdadero objetivo es llegar a pequeños acuerdos a lo largo de la conversación, a lo largo de la interacción. Llega a pequeños acuerdos que te ayuden a resolver el asunto, a brindar una solución que quizás fue la causa de la discusión al inicio.


Esto lo vas a conseguir, en primer lugar, asumiendo que la otra persona, al igual que tú, también tiene buenas intenciones. Si interiorizas ello, acabarás con el pensamiento de que, por estar en una discusión, necesariamente tienen que ser polos opuestos (esa persona contra ti, y viceversa). De hecho, siempre van a haber puntos en común, los cuales son los que debes buscar. Esta es tu misión: buscar puntos en común con la otra persona para que empiecen a avanzar y resolver la raíz del conflicto.



Entonces, busca pequeños acuerdos. Esto significa que no siempre tienes que enseñar una lección, sino encontrar acuerdos. Y, al mismo tiempo, significa que tienes que prestar especial atención, tienes que escuchar a la persona que tienes frente a ti. Esto es Escucha Activa. Cuando lo hagas, muestra que estás entendiendo los puntos de la otra persona y asegurarte que ella tenga muy en claro los tuyos. Cuando sigues estos pasos, verás que realmente estás avanzando, que estás teniendo progreso.



3. El objetivo nunca es tener la razón, sino avanzar


Lo cual me lleva al último punto, que es en general la perspectiva que deberías tener con cualquier discusión. Recuerda que el objetivo general de toda esta interacción, de toda esta discusión, siempre debe ser el de avanzar. Y solamente vas a poder avanzar si tienes muy en claro que tienes que hacer preguntas de calidad que tengan la intención de entender de dónde viene la otra persona y hacia dónde va. Cuando haces preguntas de calidad, obtienes respuestas de calidad, y existe una técnica con un nombre muy gracioso: la técnica del sándwich. Esta te sirve cuando quieres señalar algo negativo en una persona: una corrección, una mejora o algo que te disgusta. Asegúrate de siempre acompañarlo, primero, de algo positivo, y terminarlo, nuevamente, con algo positivo, dejando lo negativo (el feedback, la retroalimentación o el pedido de mejora) en el medio. Cuando aplicas este esquema te aseguras de hacer un mix de buenas con malas emociones y es menos probable que la persona lo tome como algo personal. Así que no dudes en emplearla cada vez que puedas. Las personas te lo van a agradecer.



Y finalmente, cuando termines de hablar, cuando termines de conversar, asegúrate de cerrar la discusión, asegúrate de tener una buena actitud. Agradécele a la persona que haya invertido ese tiempo, que haya sido paciente, que te haya escuchado y que se haya tomado el tiempo para hacerlo. Te lo agradecerá y terminarán en buenos términos. Otros gestos importantes son dar un estrechón de manos, un saludo y ser específico en cuanto al acuerdo al cual están llegando: “Qué bueno haber conversado esto, fue un gusto que hayamos podido avanzar, haber resuelto el problema y llegar a esto. Qué bueno que quedó claro, muchas gracias”.


Así puedes terminar de conversar con la persona y llevar una discusión. Si no puedes evitarla, lo cual es la sugerencia inicial, entonces sigue estos pasos y verás cómo esas discusiones mejoran considerablemente sin que los egos salgan lastimados.


Y como siempre recuerda que eres una persona increíble y que te veré en el próximo artículo. Chau.


 

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Matías Yabar-Dávila


Empresario, Coach De Vida y De Alto Rendimiento


 

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