El cuerpo humano tiene un mecanismo que conduce al éxito impulsado por la imaginación

Actualizado: jul 31

La gente a menudo ha teorizado sobre el cuerpo como una máquina, un concepto que no está muy lejos de la verdad. Si bien los humanos no son máquinas en sí, cada uno de nosotros tiene una máquina que podemos usar cuando sea necesario.


El autor del famoso libro “Psico-cibernéticos” Maxwell Maltz llama a este fenómeno psicocibernética, una concepción del cerebro y el sistema nervioso humanos como un servomecanismo o respuesta automática que procesa la retroalimentación negativa para guiar su curso. Esta teoría opera según los principios de la cibernética, el estudio de las máquinas y la mecánica.


Al aplicar la psicocibernética, podemos descubrir nuevos conocimientos sobre por qué y cómo los humanos se comportan de la manera en que lo hacen. Una de esas ideas es que los humanos tienen un mecanismo incorporado para el éxito.


Piense en cómo un bebé puede intentar agarrar una sonaja. Él no puede llamar para pedir información basada en una experiencia previa. Por lo tanto, tiene que deslizar su mano hacia adelante y hacia atrás para alcanzar el objeto. Una vez que consigue alcanzar el juguete o, en otras palabras, obtiene una respuesta exitosa, él lo guardará en su cerebro como futura referencia. Con el pasar del tiempo, él puede refinar sus habilidades motrices, lentamente recordando sus logros y olvidando sus fracasos.


De la misma manera, este mecanismo de éxito está presente mientras trabajamos en alcanzar nuestras metas. Naturalmente, activar este mecanismo es beneficioso y, para empezar a hacerlo, necesitamos usar nuestra imaginación.


El sistema nervioso humano no puede notar la diferencia entre las experiencias que nos imaginamos de las que en realidad nos ocurren.

Como resultado, este reacciona acorde a lo que creemos o imaginamos es la verdad.


La investigación realizada por el Dr. Theodore Xenophon Barber de la universidad Americana de Washington durante la década de 1950 descubrió que las personas previamente hipnotizadas se sometían fácilmente a una cirugía sin anestesia después de que se les dijera que no podían sentir dolor.


O piense en Artur Schnabel, un renombrado concertista de piano quien raramente practicó en un piano real. En lugar de eso, él simplemente perfeccionaba su arte en su mente.

Asimismo, hay otros ejemplos como un jugador de dardos y un golfista quienes mejoraron sus habilidades a través de la práctica mental.


Eres increíble.


Matías

Coach Social